Junio 20 / 2017

RECOPA

Llegó la Recopa

Atlético Nacional sigue ofreciendo títulos, logros, alegrías y vueltas olímpicas. Es su tradición y la extiende tan naturalmente por Colombia y el continente. Una nueva corona adorna desde el 10 de mayo las oficinas verdes: la Recopa. Además de la Libertadores, la Merconorte y la Interamericana, llega este cuarto laurel internacional para no solo decorar la vitrina sino que sirve para definir una historia: GRANDE.

Atlético Nacional estabilizó en sus sienes una corona que hace 27 años en Miami le rodó de su cabeza. De esta forma el elenco Verdolaga afianza el poder de una costumbre de dar vueltas y vueltas. Los dirigidos por el profesor Reinaldo Rueda vencieron de forma clara, contundente y sin inconvenientes mayores a Chapecoense de Brasil en casa por marcador de 4-1, revirtieron el 1-2 de la ida en el Arena Condá y alzaron una conquista de forma brillante y sin atenuantes.

Más importante que vencer a los demás es superarse a sí mismo y eso hizo Atlético Nacional que había arrancado con dudas el año. Por algunas derrotas internacionales y por varias lesiones, Rueda no había podido firmar las mismas alineaciones con el transcurrir de los partidos, y el no encontrar el equipo debilita la confianza interna, máxime cuando se juegan competencias internacionales donde el nivel es élite.

Para fortuna verde todo comenzó con pie derecho y en un minuto la serie estaba igualada con el gol de Moreno. Pasaban los minutos y la transpiración caía y hacía arder las pupilas, pero era más importante el juego que desplegaba el equipo en la cancha. Sin más opción que refugiarse ante la arremetida local, Chapecoense se sintió inferior, acompañó más a su arquero que a sus delanteros y vio lo que sucede en este tipo de casos: llegó el segundo, gracias a Ibargüen.

Como ante Estudiantes por Copa Libertadores, el verde volvió a acrecentar el prestigio puesto de manifiesto en el fantástico 2016 y entonces la gente soñaba con que Nacional podía volver a tejer una épica fábula de esfuerzos, sonrisas y satisfacciones. Los brasileros alcanzaron a asustar iniciando el segundo tiempo. Henríquez, colosal zaguero central verde, sacó un épico balón de la raya de gol cuando ya en Brasil se cantaba el 1-2 que igualaba la serie. Luego de ello llegó el final de la historia. Moreno e Ibargüen repetían gol y Nacional simbolizaba más que nadie el alto vuelo del fútbol colombiano, redefiniendo además las administraciones deportivas en nuestro país con sabiduría, inteligencia, gestión y logros.

Capaz de competir siempre en el más alto nivel, la Institución invitó a su pueblo esa noche del 10 de mayo a asistir y atestiguar la firmeza conceptual de un equipo sin fisuras. Si bien los de Chapecó descontaron, pareció más el permiso al equipo de Santa Catarina de anotar para recibir el aplauso de la gente nacionalista y no marcharse sin ningún honor del estadio. El 4-1 afirmaba la superioridad Verdolaga que conducía además a la sensación de tener una mejor noticia: la presencia de un equipo superior en que ninguno tiene la responsabilidad exclusiva de ser la esperanza de la afición. La tarea recae en todos.

Entonces llegó algo que por repetitivo, parece común: la premiación y la vuelta olímpica con Atlético Nacional en el centro de la escena. Y un jugador que esa noche fue protagonista y superhéroe: Andrés Ibargüen. Al delantero esa noche lo vimos bordar y conversar con la pelota, emplear agilidad y maestría y redondear el verso con el relato final de una poesía de gol. Sin límites en el esfuerzo, sin especular con la calidad, sin ahorrar en inteligencia y sin defraudar la filosofía Atlético Nacional nuevamente izaba su bandera en el continente y se inmiscuía entre los 10 equipos con mayor cantidad de festejos internacionales de Sudamérica en la historia.

El aplauso también debe ser sonoro para quienes ordenan todo desde la mente porque son dirigentes que suman numerosísimas acciones de apoyo, respaldo y motivación en busca de las metas. Técnicamente se suman a jugadores, cuerpo técnico, aficionados y empleados, quienes constituyen nuestra carta de presentación y son el capital más hermoso de una nueva coronación continental. De esta forma se arma el equipo que le da al público lo que quiere la mayoría: juego estético, potencia, rendimiento y knock out.

Gracias a la puesta en escena de ese señor entrenador de Atlético Nacional, los verdolagas le dieron a la concurrencia todo lo que deseaba: una envidiable entereza moral, un fabuloso espíritu deportivo que habla por ellos y sus familias, y un rendimiento brillante. Llegó la Recopa a Atlético Nacional. Queda para la historia el mito que se sintetiza en un nombre y un apellido: Reinaldo Rueda.

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