junio 7 / 2018

CAMPUZANO, EL GENERAL DEL MEDIOCAMPO

Autor: Comunicaciones Atlético Nacional

No tiene soles en su uniforme, pero quiere su primera estrella. Previo a cada partido su nivel de concentración se incrementa al máximo. Mira fijamente, ignora los dispositivos tecnológicos y atiende las últimas indicaciones del cuerpo técnico. Guarda silencio en el recorrido entre el camerino y cancha, pero una vez pisa la grama se convierte en un general para comandar el medio campo Verdolaga.

 

 

Jorman Campuzano vive su primera final en el fútbol profesional aunque la juega como si ya tuviera mil batallas encima, no se cansó de correr ni luchar cada balón. Acertó el 92% de sus pases en el Murillo Toro, recuperó balones al punto de obligar al cuadro Pijao a ser impreciso. Es el jugador del equipo, junto con Felipe Aguilar, con mayor efectividad a la hora de entregar el balón con un 93%.

 

 

En su pantorrilla derecha está tatuado un niño que deja su pequeño pueblo con un balón y la camiseta 21, la misma que porta desde que llegó a Nacional. Hace pocos días cumplió 22 años, es el más joven de todos pero se echó el equipo sobre los hombros.

 

 

Al lado de los más experimentados como Gonzalo Castellani, Aldo Leao Ramírez o Macnelly Torres, es el encargado de hacer el tránsito efectivo entre la defensa y el arco contrario y en la primera final sí que lo hizo. Se convirtió en figura y se robó los elogios hasta del profe Alberto Gamero, técnico del Tolima.

 

 

Las redes sociales se inundaron una vez más de elogios para Campuzano como ha pasado desde que aquella noche en el Monumental de Chile contra Colo Colo, sin embargo no pierde la calma, la humildad, la concentración.

 

“Venimos a jugar como si estuviéramos jugando de local, con firmeza y tranquilidad. El profesor Almirón me pide a veces jugar de volante 5, pero también de 8 y darle más salida al equipo”, dijo el joven volante al terminar el partido que ganó Nacional un gol a cero ante Deportes Tolima.

 

De regreso al camerino sonrió, miró hacia el cielo y cerró los ojos, empuñó los brazos como signo de victoria, aunque sabe que queda una batalla más el próximo sábado. Lo esperaban sus compañeros y el profe Almirón, quien lo abrazó fuerte porque a pesar de su firmeza, es un pequeño, un pequeño que cada vez se hace más grande con la camiseta de Atlético Nacional.

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