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LUIS CARLOS PEREA, EL COMPLEMENTO DE ANDRÉS

Andrés Escobar fue grande en el concierto futbolístico colombiano y mundial por sus virtudes pero también por este vigoroso defensor central que lo complementó de la mejor forma. Mientras el uno era técnico, el otro era fuera y tenía en el juego aéreo en las dos áreas una de sus principales virtudes. Campeón de América en 1989 y el aporte en goles a Gremio y River en la Supercopa, son parte de sus mejores recuerdos. Con ustedes, Luis Carlos Perea, mundialista en Italia 90 y USA 94 y actor principal del 5-0 a Argentina en el Monumental de Núñez con Colombia.

¿Qué recuerda de la llave con Danubio para llegar a la Final de la Libertadores de 1989?

“Lo que más recuerdo es la fama con la que venía precedido Danubio porque era un cuadro muy joven del Uruguay y que tenía varios jugadores que despuntaban en el fútbol de ese país dando mucho que hablar, algo similar a lo que ocurría con nuestro Nacional que venía jugando bien y hacía su propia historia. Nos encontramos con dos equipos relativamente nuevos en eso de la Copa Libertadores y con un suceso deportivo muy prematuro y recuerdo que los periodistas uruguayos daban como campeón al equipo que pasara esa llave, porque ellos nos habían visto jugar y sabían las bondades futbolísticas que teníamos y eso les daba para pensar así. Cuando fuimos a jugar a Uruguay, para muchos de nosotros era la primera vez que jugaríamos en ese mítico estadio Centenario, encontramos la tribuna totalmente en contra y la cancha húmeda y teníamos mucho nerviosismo por conocer lo de la garra charrúa, pero nos encontramos un equipo que jugó bien al fútbol y que trataba la pelota a ras de piso, lo cual nos tranquilizó porque creíamos que íbamos a sentir el juego aéreo de los uruguayos pero todo fue diferente y ese detalle nos puso a jugar mano a mano con los uruguayos y allí éramos mejores. Recuerdo de ese equipo a Borges, un muchacho morenito del mediocampo que era la figura y que esa noche tuvo la mala fortuna de tener cerca de él a Leonel Álvarez quien lo anuló y con esa anulación prácticamente acabamos con la creación de ese equipo. Esa noche ese empate a cero nos sirvió para estar con un pie en la final, porque nosotros en ese tiempo cuando jugábamos en nuestro estadio nos teníamos una fe impresionante y el que llegara al Atanasio era casi imposible que nos ganara porque nos teníamos confianza allí al cobijo de nuestra gente. Luego el partido de vuelta la gente recuerda lo que pasó con ese 6-0 y la prensa uruguaya dio una premonición porque el que pasó de esa llave, luego fue campeón de América.

La motivación estaba alta tras haber eliminado a Millonarios…

“Claro, porque nosotros veníamos con una pugna importante y ellos se nos habían convertido a nosotros en una piedra en el zapato desde 1987 y más en 1988 cuando ellos quedaron campeones por muy poquito. Por eso el partido que jugamos acá en Medellín fue vital para pasar porque ganamos y ellos ante la necesidad no fueron capaces. Les remontamos la desventaja inicial, ante un clima hostil y la adversidad de la cancha y eso nos valió para sacar esa garra y dejarlos en el camino. Sabíamos que habíamos dejado atrás a un gran equipo con jugadores muy bien dotados”.

Lo que esperaban del juego aéreo contra Danubio de Uruguay se dio fue contra Olimpia en la final…

“Por supuesto y en ambos juegos, pero más en el primero. Nos mataron a pelotazos y fue uno de los partidos en que más salté en mi vida. El marcador esa noche de 0-2 en contra era alto pero manteníamos la fe y la esperanza en revertir la situación en Bogotá ante nuestra gente”.

Tengo una sensación y es que si Nacional no adquiere a Gildardo, Leonel y Perea en 1987, en 1989 no se habría ganado la Copa, especialmente por el aporte de los tres…

“Realmente es una linda historia. Cuando el profesor Maturana comienza a armar su dibujo táctico con el equipo que quería armar notó que le hacían falta tres piezas para armar su rompecabezas y fue así que llegamos a Nacional procedentes de Medellín. Ya figurábamos y él creyó que podíamos ser los hombres que posteriormente posibilitáramos ser parte de la leyenda y gracias a Dios todo se dio así. Cuando se dio la contratación nos adaptamos a Nacional en un sistema completamente diferente al que jugábamos en Medellín”.

Parte de la historia verde es ser base de las selecciones Colombia…

“Hoy en día cuando uno ve a la Selección, se nota solo uno o dos antioqueños en la formación titular y eso da nostalgia porque en ese tiempo nos dimos el lujo de ser prácticamente la selección Colombia en compañía de los técnicos, los utileros, los masajistas, los médicos y todos. El combinado patrio era Atlético Nacional a excepción de dos o tres muchachos. Eso nos sirvió para hacer el fútbol que hicimos, aunque con la ayuda del Pibe Valderrama, Iguarán, Redín, Rincón y otros más que fueron un buen complemento de nosotros y entre todos le dimos a Colombia un buen status”.

Usted fue muy internacional y con Nacional recorrió el mundo…

“Por ser campeones de la Libertadores jugamos varias copas más. Lastimosamente no pude ir a Tokio por una lesión en la rodilla y esa frustración me quedó para siempre. Me reemplazó Cassiani y tuvo la oportunidad de debutar y jugar muy bien, aunque perdimos 1-0 con ese gol de Evani cuando expiraba el tiempo suplementario. En la que sí actué fue en la Recopa en Miami ante Boca Juniors que perdimos 1-0 con gol de Diego Latorre. Luego llegó la Interamericana que ganamos 2-0 en Medellín y 4-1 en México y apabullamos a los Pumas. No era fácil ganarle a los manitos y Nacional a raíz de esto se fue convirtiendo en un equipo de renombre, especialmente porque jugábamos igual de locales que de visitantes y salíamos a buscar los partidos en todos lados. No nos escondíamos en ninguna cancha. Luego volví a ganar la Interamericana en 1997 contra Saprissa de Costa Rica cuando ganamos 3-2 en un único partido en San José de Costa Rica. Yo acababa de regresar a Nacional procedente del Tolima y allí me tocó marcar a un delantero que estaba empezando como era Paulo César Wanchope, pero nos trajimos esa corona para la ciudad. Por último, también gané la Merconorte en 1998, en un partido que fue contra Cali y ganamos 3-1 en el Atanasio y 1-0 en el Pascual y marqué un tanto de cabeza. En todos los títulos que ha tenido Nacional estuve yo y ese es un buen recuerdo”.

¿Qué recuerda de la participación en la Supercopa?

“De los goles que le hice a Gremio y River. A los argentinos les hice un gol agónico que sirvió para pasar a la siguiente fase. Habíamos empatado 2-2 en Buenos Aires y esa noche comenzamos perdiendo, luego empató Ángel y cuando todo parecía destinado a los penaltis porque el juego expiraba, pude anotar y sentenciar la llave. Fue una alegría total porque ese equipo, que había sido campeón de la Libertadores en ese 1996, tenía una banda impresionante”.

Luego vendría en 1997 otro enfrentamiento ante River por Supercopa, el tercero consecutivo, porque en 1995 con el gol de Higuita en semifinales de Libertadores, había sido el primero, pero en esa ocasión la alegría se quedaba en Buenos Aires…

“Recuerdo que habíamos perdido 2-0 en Argentina y no bastó el 2-1 en Medellín con que triunfamos porque por diferencia de gol ellos pasaron a jugar la final ante el San Pablo de Víctor Aristizábal”.

¿Qué es Nacional?

“Uff. No hay palabras para describir.  Para mí ha sido gloria, ha sido algo excepcional, el estandarte, lo más grande que ha tenido Colombia internacionalmente y futbolísticamente hablando”.

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