julio 11 / 2017

YIMMI CHARÁ

El sensacional delantero es uno de los futbolistas que dejó una huella grande en Atlético Nacional en muy poco tiempo: solamente seis meses se vistió de Verdolaga y eso le bastó para imponer respeto desde el costado de su devastador juego con el que rompió todos los sistemas defensivos de los contrarios. Chará, en el equipo campeón de Reinaldo Rueda del segundo semestre de 2015, comenzó con la dualidad que le implicaba ser un engranaje más de un conjunto y concluyó como la pieza única y determinante del equipo. ¡¡¡En solo seis meses!!!

Los temas tácticos en los equipos de fútbol son importantes, no se puede obtener el triunfo sin ellos, pero es la emoción la que marca la gran diferencia, justo el manjar que ofreció Yimmy. El valluno en Nacional tuvo mayor movilidad a mayor velocidad, ecuación que requiere actos sincronizados en función colectiva y fue artífice de la explotación de los vacíos como medio sorpresivo y eficaz para romper el arco rival. Además, generó fútbol por las bandas, pero también circuló el balón en el juego interno, mostrando una versatilidad única para dañar esquemas defensivos con alta población de piernas.

Lástima que el futbolista con estilo rasta haya durado en Nacional lo que dura la luz de un fósforo. Con un fútbol de alto vuelo, Yimmy Chará subió hasta la escala de los titanes verdolagas de todos los tiempos y dejó su marca registrada en un equipo histórico. Principalmente porque trabajó con objetivos definidos y no se desvió hasta conseguirlos y ofrecérselos a una hinchada que desde su partida reclama nuevamente su presencia en el equipo. Y porque a pesar de estar tan solo seis meses, su mito sigue agigantándose.

Sus goles serán siempre recordados, así como sus asistencias, pero Chará en la historia siempre estará ligado al tanto a Medellín apenas iniciada la semifinal de vuelta de 2015 II cuando había que remontar un 1-0 en contra del juego de ida y en una tarde soleada de domingo en apenas cinco minutos, ya Yimmy decía de qué trataba el coctel enviando a la red un disparo de 25 metros. El futbolista que integró un grupo de nombres ilustres del fútbol colombiano le dio a la Institución antioqueña un título con una receta bastante simple: jugar bien al fútbol. Un lujo histórico coronado además con una regularidad notable y una incesante vocación por el juego ofensivo.

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