julio 11 / 2017

SERGIO GALVÁN REY

Además de volar por la cancha en un permanente estado de gracia, teniendo el área como su fuente de inspiración, Sergio Galván en Atlético Nacional evolucionó como engranaje del circuito colectivo y también como finalizador de las joyas que solían iniciar desde más atrás otros cracks que le acompañaron en su estadía en el verde: Ramos,”Aristi”, Aldo Leao, Patiño, Zúñiga o Rojas. El argentino iniciaba las funciones como actor de reparto para, de repente, rubricar como galán principal. La vocación ofensiva de su juego era verdaderamente punzante, y fue así como sacudió para siempre los paradigmas defensivos en nuestro país. Hoy, Galván Rey sigue siendo el máximo goleador del fútbol colombiano con 224 tantos, 53 de ellos marcados con esta camiseta.

Varios recuerdos llegan inmediatamente a la memoria cuando se habla del atacante que dejó una estela de gloria en la Institución verde. 52 años después de Gambina, se convirtió en otro delantero Verdolaga en anotar cinco goles en un juego cuando en el 6-0 ante América de Cali del 23 de mayo de 2006 le ofreció ese recital a la grada puliendo una de sus obras cumbre. Esa tarde en el Atanasio, el atacante brasilero Marcelo Ramos no solo le dio los cinco pases de gol, sino que sirvió también el de Óscar Echeverry, consagrando su mejor tarde Verdolaga y la del artillero argentino. Y eso que los verdes levantaron el pie del acelerador media hora antes, si no, sabe Dios cómo terminaba.

Conjuntamente, Galván fue goleador del campeonato de 2007 I, con 13 tantos, erigiéndose en el quinto Pichichi de casa verde en la historia, en una campaña que además redondeó con título ante Huila. Por último, para la final de 2007 II, el interminable argentino nuevamente fue pieza clave anotando goles trascendentales como el que marcó a Caldas en el inicio el cuadrangular semifinal (la tarde en que “Aristi” se lesionó y le dijo adiós al fútbol) o el de la final contra Equidad en que recibió de taco de Aldo y la picó como un maestro para enviar la lámina a la galería de los recuerdos. Supo colgarse en la historia con un remate de derecha que sellaba el título.

Galván fue artífice en la consecución de varias campañas históricas, porque desplegó un fútbol ofensivo, dinámico, ágil, atrevido, con el cual sumó varios ladrillos para el primer bicampeonato del verde en sus hasta entonces 60 años de leyenda, siendo una de las huellas de aquel equipo de Oscar Quintabani. Demostró que el mejor de los remedios que había encontrado para sanar las heridas y las cicatrices de la post-dictadura siniestra y absurda de su país fue la pelota, indicaba que tenía astucia para gobernar el útil en el área y además disfrutó en su vida como futbolista de un olfato de gol envidiable.

Esa potestad de acercarse al gol con facilidad, fue la credencial de ingreso al altar de los mejores. Sus virtudes le permitieron sembrar con su historia algunos espejos de referencia para futuras generaciones. Y dejó instalado en el ambiente, que el gol es un documento de identidad que no admite falsificación. Una propiedad intransferible. Un instrumento de pocos, codiciado por muchos. Un pergamino para el éxito. Quien ejerce con naturalidad el don de conquistarlo, accede a la admiración inmediata, como Sergio Alejandro Galván Rey.

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