febrero 8 / 2011

OSWALDO MARCIAL PALAVECINO

Goleador letal. Era una fiera dentro del área. Sus armas eran una balaca en la frente y una manilla de esparadrapo en la muñeca, además de su olfato endemoniado de gol. Y llegaba siempre a su objetivo fundamental para el cual se vestía los domingos de cortos gracias a una pierna derecha que no conoció antecedentes ni consiguientes. Zape, Mina y varios porteros más sufrieron lesiones en sus manos, víctimas de la potencia de los remates del atacante. Pichihi dos veces con Atlético Nacional del fútbol colombiano, es otro de los enormes jugadores verdes sin título en su paso por el Club. Le quedaron esos dos consuelos de 1977 y 1978: 30 y 36 tantos le dieron las Botas de Oro consecutivas.

Quienes no somos de la gloriosa época de los nuevos pueblos tecnológicos, que arribaron a este mundo con mayor poder de asimilación de nuevas tecnologías, y nos encanta leer en el papel y no en tabletas, ipads o celulares, porque en exteriores el reflejo te desaparece las pupilas, tuvimos la suerte de ver al hombre con mayor hambre de gol de la historia de Nacional. Era una fiera enjaulada toda la semana que los domingos soltaban el área contraria para calmar su apetito. Tenía un remate fuerte, no era muy dúctil con la pelota pero definía muy bien frente a los goleros contrarios gracias a que disfrutó de la pierna derecha más potente de la historia Verdolaga.

Dentro del área era despiadado y por fuera de ella buscaba la asociación con los volantes o punteros. Le tocaron magos de la pelota en el verde como Cueto, Herrera o Castañeda y supo aprovecharlos para catapultar el don con el cual llegó a la vida: hacer añicos las mallas contrarias. Le hizo siempre honor a su segundo nombre caminando erguido y con firmeza por las áreas rivales sembrando terror en los defensas de los demás elencos y pánico en los porteros cuando enfundaba su pierna diestra. Sangre fría corría por sus venas en el instante supremo en que cargaba su guayo y se prestaba a rematar. Casi siempre daba en el blanco: la red. No parecía llegado de Buenos Aires sino del Glaciar Perito Moreno.

OMP llegó a Atlético Nacional y encontró otra tierra que también le sería fértil convirtiéndose rápidamente, en solo tres años, en el tercer goleador histórico del verde de la montaña, hasta ese entonces, con 84 tantos conquistados, en 166 partidos disputados, pero con una gran diferencia: definía en el momento en que se consagran los distintos, en el único que tienen. Luego sería superado por otras dos leyendas más para estar hoy, aún, en el Top 5 de goleadores verdes de todos los tiempos. Era tiempista dentro del área, polifacético fuera de ella, cultor del trabajo en las jornadas de entresemana cuando nadie aplaudía, fue sembrador de ilusiones, también fabricante de sueños y hasta realizador de metas. OMP, sin dudas, era un tipo que dormía menos y soñaba más.

Encuesta

#SIEMPREVERDOLAGAS

# Votos: 0

 

 



 

Compartir