febrero 8 / 2011

OSWALDO JUAN ZUBELDÍA

El Maestro. El guía. El mentor. El consejero. El tutor. El asesor. El supervisor. El ordenador. El profesor. El director. El adalid. El norte. El argentino llegó a Nacional a enseñarle al fútbol colombiano nuevos rumbos y nuevos objetivos. Y no solo eso, sino también a ganar. En cuestión de cinco meses sacó a Nacional campeón en 1976 y luego en 1981 repitió corona. Único técnico verdolaga con dos títulos en la historia patria, de torneos largos. A donde ponía el ojo, ponía la meta. Se trataba de un técnico que enseñó comportamiento dentro y fuera de la cancha, que pulió talentos vírgenes. Que miraba las hojas de vida que diariamente pernoctaban en el club, anónimas como las que más, y forjaba de a poco la economía del equipo a punta de sacar y sacar jugadores juveniles para la Primera División como Herrera, Sarmiento, Peluffo, Barrabás, Ricaurte, Luna, Maya, Porras, Bolillo, y tantos más. Su Kínder es épico.

De sus conocimientos abrevaron grandes personajes de la vida futbolera del país y, aunque se marchó más temprano de lo que hubiéramos deseado, le agradecemos eternamente su filosofía y su identidad. Un grande que puso su granito de arena para que Atlético Nacional fuera como él: un fenómeno.

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