julio 11 / 2017

MARLOS MORENO

Lo del juvenil Verdolaga es solamente realizable en Atlético Nacional. En ningún otro equipo de Colombia puedes tener un año debut con estos logros: 19 años, Campeón de Liga, Campeón de Copa Libertadores, selección Colombia de eliminatorias y Copa América y venta al fútbol europeo. Confirmó que es un jugador para Atlético Nacional porque soporta la presión, no le pesa el envase de la camiseta que tanto perjudica a otros menos fuertes, más expuestos a vaivenes espirituales y de entorno que él sabe surfear.

Veloz y encarador, desbordó por los dos costados siempre que quiso para dejar tres vueltas olímpicas en la Institución antes de cumplir dos décadas de vida. Para siempre lo recordaremos como un jugador determinante que toma la pelota y pone el partido en otra dimensión. Su bicicleta al defensor de Bucaramanga en el costado noroccidental del Atanasio Girardot quedará grabada en la memoria colectiva del pueblo verde, por tratarse de una de las obras cumbres de un futbolista al que ni siquiera el destino pudo impedir que se erigiera como el mejor de América. Del hombre que no ha parado desde que inició y ese reto lo ha llevado a la repercusión mundial.

Su fulgurante irrupción en el mundo del fútbol fue tan meteórica como inesperada y por eso se ganó un puesto en la galería de los ídolos del pueblo verde. Por sus goles determinantes para el título liguero como el que le anotó a Junior en la final de 2015 II, en el que le bastaron 30 segundos para modificar las súplicas por euforia y el temor en carcajadas. O como los tantos de la Copa Libertadores que sentenciaron una primera fase rimbombante para el equipo de Rueda.

Su mágica aparición generó la ilusión de que el fútbol Verdolaga se transforme para siempre en un paraíso acorde con la historia de este manantial de cracks que produjo a lo largo de los tiempos Atlético Nacional. Además de abonarle siempre que mantuvo inalterable su desafío de quedar en la historia del Club, y eso fue más fuerte, a pesar de las propuestas para llevárselo a Europa sin jugar la recta final de la Copa Libertadores que levantó en 2016. Integrar un equipo competitivo, emparentado con la grandeza, fue siempre uno de sus principales motores.

Marlos Moreno caminó un periplo inobjetable, desde lo numérico y los resultados, en el elenco verde. Su envión anímico para conseguir Liga, Superliga y Libertadores, fue factor sustancial en la conquista. El chico que creció con muchas falencias financieras y hasta gastronómicas, que paseó su fútbol antes de los 20 años por Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay, Perú y Ecuador siendo figura y con estadios llenos, no como turista o suplente y que siempre denotó lealtad y códigos firmes a pesar de las carencias, en tan solo 365 días se convirtió en patrimonio Nacional.

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