julio 11 / 2017

JAIME ARANGO

Lo que jugó Jaime Arango es digno de varios murales. Administraba con calidad la pelota, limpiaba la jugada con categoría, aceleraba o entregaba la pausa en el momento justo, cambiaba de ritmo con la propiedad con que lo hacen los de su talento, e iniciaba o concluía el ataque con una estocada profunda. Sus características de juego hacían que le diera categoría al manejo de la pelota y entenderse con él en la parte ofensiva era extraordinariamente fácil. Si era a 100 kilómetros por hora le parecía bien, si tocaba hacerlo con asociación, le quedaba mejor.

Su paso por Atlético Nacional dejó sensacionales recuerdos. Es lógico, un hombre que colocó 48 tantos verdes en la red contraria solo por torneo colombiano, que lo hacen estar entre los mayores 15 goleadores de la historia nacionalista, tuvo que haber expresado con la pelota muchas alegrías. Una noche de local en el Atanasio Girardot enfrentando a Santa Fe recibió de “Chonto Herrera” estando de espaldas al arco defendido por Eduardo Niño y con marcación personal al borde de la medialuna. Sin dudarlo hizo una de fantasía: levantó la pelota con la derecha a la altura de la rodilla, evadiendo la marca giró como los dioses, y con pierna izquierda la colocó en el ángulo superior izquierdo de Eduardo Niño.

El gol Deportivo Quito en la fase de grupos de la Copa Libertadores de 1989 comenzaba a darle forma al futuro campeón continental y el tanto a Millonarios en el mismo torneo suramericano de 1995, en la ida de los cuartos de final a los 40 segundos tras pase de Aristizábal, le suma réditos a su paso por Nacional. Pero si también anotamos que le marcó a Nacional de Uruguay por Supercopa y a Pumas de México por la final de vuelta de la Interamericana por duplicado para el segundo título internacional del verde, estamos en presencia de un delantero que cumplió en todos los torneos, y con goles, en que se puso esta gloriosa camiseta.

Su fútbol en espacio reducido está en el Top 5 de la historia verde. Si lo parabas en un ipad, allí mismo y sin salirse de él, eludía a tres o cuatro rivales. Su técnica era depurada y por ello Nacional le sacaba ventaja a las paredes, las triangulaciones, las sociedades y la precisión en velocidad. La Gobernación de Antioquia le dio el premio al mejor jugador antioqueño en 1988, votado por los mismos compañeros verdolagas, jugó 8 años pesando 60 o 62 kilos y nadie lo paró.

Gracias “Jimmy” por jugar este juego de la forma en que solo lo habíamos soñado. Capaz de diferenciarse del resto de compañeros en un pase, una gambeta, una definición o un lujo. Por un juego que refundó una corriente que todos conocemos y aceptamos como la del exquisito y exigente paladar Verdolaga, muy cercano al fútbol que le gusta a la gente. Arango integró un equipo con muchos símbolos, y el combustible y el tiempo, le alcanzaron para ser uno de ellos.

Encuesta

#SIEMPREVERDOLAGAS

# Votos: 0

 

 

Compartir