febrero 8 / 2011

HERNÁN DARÍO HERRERA

“El Arriero” es una de las principales gemas verdes de todos los tiempos. Salió de la Selección Antioquia al equipo Verdolaga y con su brillantez se incrustó en el corazón del equipo campeón de 1976 con apenas 19 años: fue suplente en Manizales a donde lo habían llevado como solución, no para darle recorrido. Aquellos tiempos juntaron algo extraordinario en Atlético Nacional: la sabiduría docente del argentino Oswaldo Juan Zubeldía en conjunción simétrica con la clarividencia futbolera de Hernán Darío Herrera. Uno de los más exquisitos manjares servidos por la Institución en toda su gloriosa tradición para una afición que desde esa década aprendió a definir su paladar por gustos más refinados.

Sintiéndose no solo campeón, sino parte importante de un plantel ganador, explotó el tímido muchacho en favor del fútbol y su pueblo. Gambeta larga, atildado transporte de pelota con cabeza levantada, excelente visión de juego, velocidad al servicio de la precisión, juego colectivo muy armónico, inteligencia y repentización a 200 kilómetros por hora, sociedades asombrosas con Castañeda, Palavecino, Candau, La Rosa, Sapuca y, especialmente, Cueto. Símbolo de una época dorada en la que ganar y jugar bien eran un combo tan seductor como indestructible, lo que además propició que el cuadro montañero comenzara a hacer historia con su aporte significativo a selecciones Colombia.

La magia, el misterio, la naturaleza, la religión y la apasionante locura de la creación humana parecieron haberse inspirado en aquel muchacho del municipio antioqueño de Caldas que comenzó a ofrecer recitales en el estadio que comenzaron a convocar cada vez a más adeptos. A sus características le sumó, con mucho trabajo, varios cajones a su neceser de virtudes: tiro libre, esfuerzo, sacrificio, retroceso, pierna izquierda y cabezazo. Poco a poco Herrera se convirtió en un Hulk Verdolaga disfrazado y mimetizado con nuestros colores que defendía la causa con la determinación de Lou Ferrigno y coronaba con gloria sus objetivos. El comienzo de la década del 80 le entregaba no solamente su segundo título en la historia verde en 1981, sino también el honor de haber sido visitado por empresarios del Barcelona de España para llevárselo al elenco de la ciudad Condal. De esa magnitud era su sagacidad.

“El Arriero”, más maduro, más completo, más entero, más sabio, el de 1983, era un 10 que no solo organizaba y distribuía, sino que también ejecutaba. La obra maestra junto a Cueto de los tres tacos seguidos para terminar con el balón en la red disparado por el guayo del colombiano, es uno de los mejores recuerdos que tiene el fútbol lírico del cuadro verdiblanco. Ese año Atlético Nacional perdió la corona por la lesión que sufriera Herrera de parte del Pitillo Valencia. Esa ausencia, generó aún más cariño hacia el Arriero porque desde la adversidad se miden los afectos más sinceros. Por eso el jugador orbita muy cerca del real sentimiento Verdolaga y flota con la admiración respectiva que se le tiene a un cerebro de su prestigio.

Encuesta

#SIEMPREVERDOLAGAS

# Votos: 0

RECORRE NUESTRA SEDE DEPORTIVA

 

Compartir