febrero 8 / 2011

FAUSTINO ASPRILLA

El Oro negro Verdolaga. La joya de la corona. El mejor jugador de todos los tiempos en Colombia, único compatriota en aspirar a un balón de oro hasta hoy. Cuando bailó a Gildardo Gómez jugando con Cúcuta en el Atanasio en 1989, Maturana y Bolillo le vieron la pinta de jugador diferente y enfocaron sus objetivos en la perla tulueña. Entendieron que sus hazañas necesitaban de la rimbombancia de un envase más popular que amplificara su lucidez. Y lo trajeron a Atlético Nacional en 1990 para convertirlo en el más grande entertainer de la Copa Mustang.

Al comienzo se caía pisando la pelota, pero mostraba habilidad, los técnicos le dieron confianza, él creyó en su chispa y entonces vimos algo de lo más sagrado que ha pasado por el Estadio Atanasio Girardot: un futbolista que jugó en niveles inéditos de velocidad y tecnicismo y entregó dos años de pasatiempos dignos de los mejores teatros del mundo. Supo mutar de delantero de club chico a megaestrella de escuadra gigante y gracias a su justeza, precisión y potencia, creció de la mano de los desafíos. Cuando ya se agarró confianza y demostró ser diferente, el equipo sin o con Faustino tenía una diferencia sideral y así lo entendía su técnico “Bolillo Gómez” quien le perdonaba al “Tino” salirse de los límites e irrespetar ciertos códigos, por una conducta que le provocó problemas en su carrera. Pero era indudable que cuando Asprilla intervenía en el partido, la jugada florecía y pasaba a otro nivel, el plano exacto en el que se generaba la ilusión.

Se trataba de un futbolista que desequilibraba por técnica, por velocidad, por ser ambidiestro, por ir por cualquier parte del frente de ataque, aunque privilegiaba las bandas y les sacaba ventaja: si era por derecha porque llegaba al fondo o hacía la diagonal para buscar la asociación. Si era por izquierda porque también llegaba a la raya final o buscaba juego interno para generarse el remate con derecha. No se podía intuir hacia dónde arrancaría y esa ausencia de anticipo lo hacía aún más peligroso. Tenía tiro libre, cabezazo, picardía, desmarcación, movilidad acertada en todo el frente de ataque, sin dudas, el jugador más completo de la historia en Colombia. Y se hizo figura en Atlético Nacional.

En solo segundos, se encargaba de triturar sin piedad las charlas técnicas de los adiestradores contrarios, fue pieza fundamental en el título de 1991, realizando un cuadrangular mágico para la vuelta olímpica sentenciando goles importantísimos ante América en Cali y Junior en Medellín. “El Tino”, hoy, es un emblema inherente a Atlético Nacional, con el mismo valor del escudo, la bandera, el himno y la camiseta. Por muchas razones, pero principalmente porque vestido con estos colores le produjo a decenas de rivales trastornos eternos que nunca olvidarán, como por ejemplo recordarlo a pocos metros de distancia haciendo la vuelta estrella con que festejaba sus tantos y que le dio la vuelta al mundo. Faustino Asprilla fue un pozo de petróleo, fue una mina de diamantes, fue la subienda en el Magdalena, fue verano para una afición e invierno para otras, fue el día de la cosecha, fue el momento de ordeñar a la vaca más lechera, fue el jalón que siente en su mano el pescador de rio, fue como si las gemelas Dávalos nos picaran el ojo.

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