julio 11 / 2017

DAVINSON SÁNCHEZ

Defensor central vallecaucano de tranco largo, muy buen cabeceador, con una potencia envidiable para la corta edad en que se desempeñó en Atlético Nacional. Cumplió el proceso de menores hasta que desembocó con una furia incontenible en la titular de Atlético Nacional, convirtiéndose con apenas 20 años de edad en campeón del continente en 2016. Nunca supo que cuando técnicos, dirigentes y capitanes se juntaron en junio de 2015 y firmaron la declaración de códigos con que regresarían a Atlético Nacional al techo de América, su participación sería tan determinante. En dicha proclama, no se negociaría el esfuerzo ni el protagonismo, y además se le daría preferencia a una camada de juveniles que pisaba fuerte. Davinson estaba no solo incluido, sino dispuesto a participar.

Desde sus 17 años fue tenido en cuenta para el equipo profesional, en el que debutó el Día del Hincha de 2013, viajó con selecciones juveniles, progresó, se hizo no solo a un lugar sino a la consideración y adquirió naturalmente el derecho a su oportunidad. Le tocó reemplazar al multicampeón Oscar Murillo y ya transformado en la proa de un acorazado gigante, sorprendió a todos pasando por encima de varios encopetados rivales locales e internacionales que no pudieron superarlo ni en velocidad, ni en fuerza, ni en choque, ni en salto, ni en despliegue, ni en espacios cortos o largos. Davinson Sánchez se había adelantado al futuro y por eso rugió en Copa con la solidez de un peso pesado de varios años en un mismo sistema defensivo, obviamente acompañado, aconsejado y pulido, por ese gran capitán llamado Alexis Henríquez.

Empezando la Copa Libertadores, previo al juego ante Huracán en Argentina, le expresé al reconocido periodista Jorge Barraza en Argentina que, “Nacional tiene solidez para pensar en la Libertadores, y uno de los aspectos que posibilita el sueño es que cuenta con una pareja de centrales que se asemeja a la que gritó campeón en 1989. Alexis Henríquez y Davinson Sánchez, es lo más cercano que estuvo Nacional de Andrés Escobar y Luis Carlos Perea en 27 años de historia”. El preludio estuvo acompañado de rendimiento, de capacidad, de sagacidad y le determinó al defensor vallecaucano un logro hermoso: conoció el mundo con Nacional y colaboró en regresarlo nada más y nada menos que a Japón.

Ágil en las coberturas, atento en los cierres y factor fundamental en el juego aéreo en ambas áreas, propició el mejoramiento progresivo de una debilidad de antes en Nacional: los balones de costado. Hasta se anotó con un gol en Libertadores enviando de cabeza una pelota de Daniel Bocanegra a la red ante Sporting Cristal. En la final de la Copa Libertadores de América ante Independiente del Valle en Medellín, cumplió un trabajo tan perfecto, que a Franco Armani no le remataron al arco ni una vez. Tal era su seguridad y de esa forma se compenetró en defensa con sus compañeros.

El hombre que había cumplido su sueño de debutar y ser titular en Atlético Nacional, aportaba unos granitos de arena en cumplirle la ilusión al pueblo verde de ganar nuevamente la Libertadores. Fue una dulce y exquisita caricia de alguien que se codeó con los grandes, con quienes dos años antes eran sus ídolos y los superó. Porque le agregó una dinámica impensada al juego y a la salida del equipo de Rueda, otorgándole orden, efectividad en los pases y equilibrio. Respaldado por el trabajo de una Institución decidida, nutrió el equipo profesional con la capacidad de un menor que se hizo dueño de la Primera División. Hoy por hoy, Davinson Sánchez relata en Amsterdam a sus compañeros del Ajax que protagonizó un cuento de hadas diferente a los demás. Éste, fue real.

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