julio 11 / 2017

ALEJANDRO GUERRA

El venezolano es un jugador que nunca engañó al juego. Dúctil, simple, que lo hace además efectivo, toque de primera, sensacional en el juego colectivo, velocidad por la banda, juego interno con perfección y armonía. Lo de Alejandro Guerra en Nacional, han sido actos de repentización excepcionales, estando rodeado por cuatro o cinco rivales, y conocer antes de recibir, a dónde tocar o con quien descargar. La magia del patriota es sencillamente irrepetible por su enorme capacidad de tejer hilos conductores en ataque, alejado de la verticalidad, lo que no significa que no piense en lastimar.

La perfección y gracia de sus ejecuciones lo convirtieron en un productor de arte. Y lo hacía todo de primera, a un toque, jugando el fútbol que le gusta a la gente. Cualquiera que haya pateado una pelota en alguna ocasión comprenderá la proeza técnica. Por eso Guerra ya está en la historia. “Venezolano, venezolano”, grita la masa enceguecida con su fútbol y entregada a su obra. Un testimonio real del impacto que alcanzó en la ciudad verde que todos aman.

Entonces en ese sitial privilegiado del juego armónico, romántico y capaz de encender corazones, entendemos el valor de sus ideas y el coraje para desarrollarlas. La búsqueda obsesiva de la excelencia por encima de cualquier otro tipo de apetencia. Guerra resuelve con la inteligencia propia de quienes toman decisiones antes de entrar en contacto con la pelota. Y allí vale la pena indicar que siempre que recibió el útil, el público pensó que algo podía pasar. Que su corazón podía ser tocado por algo irreal. Por una jugada fantástica.

Lo del versátil futbolista venezolano, el mejor de lejos en la historia de su país, es el triunfo de una propuesta diferente, la del fútbol en su estado más puro. Guerra paseó su juego vistoso con nuestros colores de punta a punta del continente y dejó bien claro que no era necesario ningún tipo de artimañas turbias. Jugando bien a la pelota, también se podía ser campeón. Y sus goles a Huracán y a Central serán eternizados como el monumento a la categoría para tratar al balón. Porque apareció con tres perlas inolvidables de su talento ante “El Globo” y “El Canalla” cuando era ganar y seguir o perder y frustrarse. O sea, cuando se coronan los elegidos.

Atlético Nacional con Guerra fue campeón y subcampeón de América y varias veces Rey de Colombia. Inolvidable. Le pueden poner el apodo que deseen: Fantástico, Intocable, Galáctico… El mito que había empezado poco tiempo atrás en el plano local, era hora de trascenderlo a las fronteras lejanas y hacer historia. Y un venezolano aportó para que la gloria se pintara una vez más de verde y blanco en el continente. De Venezuela para el mundo el primer campeón de su país en la Copa Libertadores de América. Vestido de verde y blanco. Desde ese 27 de julio de 2016 hasta la eternidad.

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