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Grandes ídolos

JJ Trellez

CARRERA PROFESIONAL:

Llegó desde el Urabá antioqueño con una mano adelante y otras atrás. Un destacado de la historia verde. “La Turbina” es un elegido del firmamento nacionalista. Debutó en 1985 en Cúcuta con gol y nunca paró. Conformó sociedades letales con Galeano, Arango, Uzuriaga, Aristizábal y Asprilla. Siempre la devolvió redonda, aunque le tiraran ladrillos. Su capacidad de desborde por izquierda no tuvo un antes ni un después. Se trataba de un delantero que pendulaba por todo el frente de ataque y se convertía también en un nexo de líneas. Si iba por izquierda desbordaba y tiraba centros de gol, si atacaba por derecha enganchaba y buscaba el remate con su potentísima pierna hábil. Tercer Pichichi Verdolaga en los campeonatos de Dimayor con 25 tantos en 1992.

Acostumbrado siempre a torcerle la mano al destino, “La Pantera”, para muchos, está en la alineación titular del Atlético Nacional de todos los tiempos. Conocía profundamente la premisa de que el cambio de ritmo está íntimamente ligado a la palabra engaño y estas características eran parte del repertorio que el turbeño entregaba cada domingo en el estadio. 116 tantos con Nacional por torneo colombiano hablan claro de su legado. La mayoría de pierna izquierda, pero también de cabeza y tiro libre, situaciones que fue perfeccionando con el paso de los partidos para complementar su paleta de colores.

Circulación por bajo, amor por la gambeta, riqueza individual alimentando el equilibrio colectivo, espectáculo en favor de la alegría popular. Tréllez anotaba de local y de visitante. En el primer tiempo y en el segundo. Dentro del área y fuera de ella. El tanto que confirmaba la goleada o el que abría el marcador. A Cali, Millonarios, Junior o América, pero también a Medellín, Caldas, Santa Fe  o Tolima. Sus rastas al viento y su bailecito tipo reggae pasaron a la historia verde por encarnarlas un ídolo en todo el sentido de la palabra. Una reliquia del fútbol formativo de Atlético Nacional.

Sus goles a Barcelona y Racing en la Libertadores de 1989, pero especialmente a Millonarios en Bogotá en Cuartos de Final, son inmaculados. Su sangre fría cuando tuvo a Goycochea de frente para enganchar con izquierda y rematar con derecha será siempre recordada como la inyección de confianza y fe que necesitaba el plantel para creer que se podía ser campeón del continente. Ese tanto hizo ondear la bandera de Atlético Nacional por primera vez en la historia en todo el país. Allí comenzó a expandirse esta camiseta.

Sin lugar a dudas, era un futbolista bastante interesante para entablar diálogos futboleros con sus compañeros porque cuando no lo hacía a través del pase, lo hacía por intermedio de la movilidad que generaba espacios para él mismo o para Villa, Gómez u Osorio que llegaban de más atrás. Lo dijo “Pacho” Maturana: “El jugador que se desmarca funciona como un imán para quien lleva la pelota”. El hombre llegado de Turbo, con pinta de poco, hablado que no se entendía y cara de niño recogedor de plátanos, había aprendido en el camino que sus manos, además de tapar sus partes nobles, servían para construir recuerdos perennes como el armado de la hoguera del 26 de abril de 1989 en El Campín en la cual puso a todo el centro del país.